Situación de la Sequía en Cuba
Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos
  Cultura del agua / Historia de la Hidráulica en Cuba
 
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  Historia de la Hidráulica en Cuba (1851-1900)
  Esta fue una etapa en la que se construyeron obras sanitarias de importancia como fueron los acueductos de las ciudades de Matanzas (1872), Cárdenas (1873), Cienfuegos (1874), Rodas (1889), San Antonio de los Baños (1885), entre otros.
En 1873, se puso en servicio en la ciudad de La Habana una planta de filtros auxiliar que se considera el primer acueducto municipal, situada en la intersección de las calles Carlos III (hoy Salvador Ayende) y Zapata.
 
 
Fue proyectado tomando las aguas de la Zanja Real, con el objetivo de servir a las
calles “extramuros”, el Arsenal, la fábrica de gas de alumbrado y a las fuentes del Campo de Marte y Parque Central. Consistía de un edificio de madera dura con los filtros en el sótano, cuya capacidad normal era de 11 840 m3 por día. El material filtrante, una especie de felpa, era obstruida rápidamente por las materias orgánicas del agua, por lo que no ofreció ventaja alguna a la ciudad. La única parte útil fue la tubería maestra de 24x22x18 pulgadas que llegaba hasta el Campo de Marte (actual Parque de la Fraternidad).

Acueducto de AlbearPero la obra más importante de este período y una de las principales en los casi 400 años transcurridos, la constituyó el Acueducto de Albear. A mediados del siglo XIX, el servicio de abasto de agua a la ciudad de La Habana era sumamente deficiente y se hacía indispensable la necesidad de mejorarlo en cuanto a la cantidad, calidad y limpieza, la altura a que debía llegar en su distribución y en la seguridad de su permanencia. Ingenieros franceses y de otras nacionalidades habían intentado acometer dicha obra sin resultados prácticos, hasta que en 1850 se le encomienda la misma al Coronel de Ingenieros Francisco de Albear y Lara (en aquella época Presidente de la Junta de Obras Públicas de Cuba), quién demostrando inteligencia y capacidad extraordinaria, obtendría el éxito al traer a la ciudad el agua más pura y cristalina de cuantas producían los manantiales cercanos a la misma.

En 1858, en reunión extraordinaria del Cabildo de La Habana, se da lectura a la Real Orden que aprueba el proyecto presentado por el Ing. Albear para la conducción de las aguas de los manantiales de Vento a la ciudad. Las obras comienzan ese mismo año y un año después el Ing. Albear asume la dirección de éstas. En 1861 se colocó la primera piedra del muro principal de la taza colectora y en 1872 se hizo lo mismo en el tunel.

El proyecto en cuestión consistía en captar las aguas de un gran número de manantiales que brotaban en las cercanías de un lugar conocido como Vento, sobre el río Almendares y a unos 16 km de la ciudad. La empresa era extremadamente compleja ya que se trataba de cientos de manantiales esparcidos en una gran extensión de las márgenes del río, en sus mismas orillas y aún dentro de su cauce, todos diferentes en proyección, cantidad, elevación y dirección, uniéndose o separándose caprichosamente, según las variadas circunstancias de un terreno llene de oquedades, agrietado y mezclado con arrastres de arcillas, arenas y cieno. Todas estas y otras dificultades hacían de la toma de agua de Vento una empresa ardua, totalmente distinta de las ejecutadas para ese objetivo. El proyecto estaba constituido por: estanque de captación y reunión de los manantiales; obras en la cañada de Vento; presa; canal de toma y derivación; casa y estanque de compuertas y maniobras de los sifones del paso del río; paso del río; canal de conducción; depósito de almacenamiento; red de distribución.

Casi veinte años después (1878), a causa de la lentitud con la cual marchaban las obras debido a la escasez de fondos y la situación política del país (la Primera Guerra de Independencia), se decidió entregar a los vecinos de la ciudad, mediante el acueducto de Fernando VII, unos 5 000 m3 diarios de los 150 000 captados de los manantiales de la taza de Vento.

El Ing. Francisco de Albear, nacido el 11 de enero de 1816 en el Castillo del Morro de La Habana, fallece el 23 de octubre de 1887 sin haber visto terminada su obra maestra, la que fue concluida en 1893 (45 años después de comenzada). Este proyecto fue premiado en Filadelfia en 1876 y en París en 1878, y a pesar de contar en la actualidad con más de 100 años aún continua abasteciendo de agua a una parte considerable de la ciudad.

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