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Instituto Nacional
de Recursos Hidráulicos |
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Cultura
del agua / Historia de la Hidráulica en Cuba |
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| 1492-1592 1593-1850 1851-1900 1901-1958 1959-2002 |
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Historia de la Hidráulica
en Cuba (1851-1900) |
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Esta fue una etapa
en la que se construyeron obras sanitarias de importancia
como fueron los acueductos de las ciudades de Matanzas (1872),
Cárdenas (1873), Cienfuegos (1874), Rodas (1889), San
Antonio de los Baños (1885), entre otros.
En 1873, se puso en servicio en la ciudad de La Habana una
planta de filtros auxiliar que se considera el primer acueducto
municipal, situada en la intersección de las calles
Carlos III (hoy Salvador Ayende) y Zapata.
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Fue proyectado tomando las aguas de la Zanja
Real, con el objetivo de servir a las
calles “extramuros”, el Arsenal, la fábrica
de gas de alumbrado y a las fuentes del Campo de Marte y Parque
Central. Consistía de un edificio de madera dura con
los filtros en el sótano, cuya capacidad normal era
de 11 840 m3 por día. El material filtrante, una especie
de felpa, era obstruida rápidamente por las materias
orgánicas del agua, por lo que no ofreció ventaja
alguna a la ciudad. La única parte útil fue
la tubería maestra de 24x22x18 pulgadas que llegaba
hasta el Campo de Marte (actual Parque de la Fraternidad).
Pero
la obra más importante de este período y una
de las principales en los casi 400 años transcurridos,
la constituyó el Acueducto de Albear. A mediados del
siglo XIX, el servicio de abasto de agua a la ciudad de La
Habana era sumamente deficiente y se hacía indispensable
la necesidad de mejorarlo en cuanto a la cantidad, calidad
y limpieza, la altura a que debía llegar en su distribución
y en la seguridad de su permanencia. Ingenieros franceses
y de otras nacionalidades habían intentado acometer
dicha obra sin resultados prácticos, hasta que en 1850
se le encomienda la misma al Coronel de Ingenieros Francisco
de Albear y Lara (en aquella época Presidente de la
Junta de Obras Públicas de Cuba), quién demostrando
inteligencia y capacidad extraordinaria, obtendría
el éxito al traer a la ciudad el agua más pura
y cristalina de cuantas producían los manantiales cercanos
a la misma.
En 1858, en reunión extraordinaria del Cabildo de La
Habana, se da lectura a la Real Orden que aprueba el proyecto
presentado por el Ing. Albear para la conducción de
las aguas de los manantiales de Vento a la ciudad. Las obras
comienzan ese mismo año y un año después
el Ing. Albear asume la dirección de éstas.
En 1861 se colocó la primera piedra del muro principal
de la taza colectora y en 1872 se hizo lo mismo en el tunel.
El proyecto en cuestión consistía en captar
las aguas de un gran número de manantiales que brotaban
en las cercanías de un lugar conocido como Vento, sobre
el río Almendares y a unos 16 km de la ciudad. La empresa
era extremadamente compleja ya que se trataba de cientos de
manantiales esparcidos en una gran extensión de las
márgenes del río, en sus mismas orillas y aún
dentro de su cauce, todos diferentes en proyección,
cantidad, elevación y dirección, uniéndose
o separándose caprichosamente, según las variadas
circunstancias de un terreno llene de oquedades, agrietado
y mezclado con arrastres de arcillas, arenas y cieno. Todas
estas y otras dificultades hacían de la toma de agua
de Vento una empresa ardua, totalmente distinta de las ejecutadas
para ese objetivo. El proyecto estaba constituido por: estanque
de captación y reunión de los manantiales; obras
en la cañada de Vento; presa; canal de toma y derivación;
casa y estanque de compuertas y maniobras de los sifones del
paso del río; paso del río; canal de conducción;
depósito de almacenamiento; red de distribución.
Casi veinte años después (1878), a causa de
la lentitud con la cual marchaban las obras debido a la escasez
de fondos y la situación política del país
(la Primera Guerra de Independencia), se decidió entregar
a los vecinos de la ciudad, mediante el acueducto de Fernando
VII, unos 5 000 m3 diarios de los 150 000 captados de los
manantiales de la taza de Vento.
El Ing. Francisco de Albear, nacido el 11 de enero de 1816
en el Castillo del Morro de La Habana, fallece el 23 de octubre
de 1887 sin haber visto terminada su obra maestra, la que
fue concluida en 1893 (45 años después de comenzada).
Este proyecto fue premiado en Filadelfia en 1876 y en París
en 1878, y a pesar de contar en la actualidad con más
de 100 años aún continua abasteciendo de agua
a una parte considerable de la ciudad.  |
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