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Instituto Nacional
de Recursos Hidráulicos |
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Cultura
del agua / Historia de la Hidráulica en Cuba |
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| 1492-1592 1593-1850 1851-1900 1901-1958 1959-2002 |
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Historia de la Hidráulica
en Cuba (1593-1850) |
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En 1620 el Gobernador Tejeda decidió
dar agua de un modo más amplio a la población
de San Cristóbal de La Habana y al efecto hizo abrir
nuevas acequias secundarias a la Zanja Real, formando tres
depósitos, uno para los buques cercanos a la Marina,
otro para el vecindario y otro para el servicio de los castillo.
Se consideran los primeros depósitos de sedimentación
utilizados en un servicio público de abasto en la época
colonial. |
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La etapa comprendida entre 1792 y 1850 se caracteriza por
un crecimiento notable en la población y la economía
del país. Este florecimiento de la colonia mostró
de forma rápida, como uno de sus puntos débiles,
lo precario de su infraestructura sanitaria. El bajo nivel
de poblamiento y de actividades económica existentes
en los siglos XVII y XVIII permitían que con las disposiciones
emitidas por los ayuntamientos y la existencia en su principal
puerto de un sistema de suministro de agua como la Zanja Real,
se atendieran las necesidades del abasto de agua y saneamiento
de forma muy similar a las existentes en América y
en Europa. Las captaciones de agua se realizaban en los ríos
cercanos, acarreándose por carretas hasta las viviendas,
complementando el consumo con el uso de aljibes y pozos de
uso público. Las excretas se disponían en letrinas
situadas en los fondos de las casas y con frecuencia en la
misma cocina. En las ciudades principales se instalaban excusados
públicos y las basuras y desechos se acumulaban o se
lanzaban a la calle.
Un papel importante en el desarrollo sanitario de Cuba
durante el siglo XIX corresponde a las Juntas de Sanidad
que funcionaron de forma sistemática hasta 1898.
Estas Juntas que podían crearse por los Ayuntamientos,
evolucionaron hasta convertirse en una red nacional, presidida
por una Junta Superior. A partir de 1815 la Junta de Sanidad
se estableció de forma obligatoria en toda población
que contase con Ayuntamiento.
Entre las obras de saneamiento de la época se incluyen
las de drenaje y secado de pantanos en el poblado de Tapaste
(1842) y de Batabanó (1847), para contrarrestar el
estado malsano de los mismos. Con carácter de recomendación
se instaba a las autoridades para que procurasen en las
nuevas edificaciones la construcción de letrinas
con ventilación y que no se instalasen en las cocinas
de las casas.
Dos obras de abasto de agua sobresalen en el siglo XIX:
los acueductos de Carreño (Santiago de Cuba) y de
Fernando VII (La Habana), que ampliaron las capacidades
de suministro a ambas ciudades.
El acueducto de Carreño (Acueducto Viejo) de Santiago
de Cuba fue construido en 1838 en virtud de una concesión
del Gobierno al Coronel Dionisio Carreño, siendo
traspasado al ayuntamiento de la ciudad al año siguiente.
El mismo tomaba el agua del río San Juan. La obra
de toma era un muro de piedra de mampostería ordinaria
con coronación de ladrillo y más de 10 m de
altura y 30 m de longitud, de sección trapezoidal.
El agua pasaba a dos depósitos de 6x2x4 m y capacidad
conjunta de 390 m3, los que funcionaban como sedimentadores,
y conducida mediante 3 km de tubería hasta un depósito
de 500 m3 en la ciudad. El agua se distribuía de
forma pública y por una zanja que llegaba hasta el
puerto para surtir las embarcaciones. Distribuía
el agua por plumas concedidas a perpetuidad hasta los aljibes
de las viviendas e industrias de la ciudad. Su capacidad
de suministro era de unos 1 300 m3 al día. Este acueducto
significó una buena garantía de calidad sanitaria
y un progreso en el servicio domiciliario.
En La Habana, el deterioro en la calidad de las aguas del
río Almendares y por ende, las de la Zanja Real,
hicieron que en el año 1831 el Capitán General
Don Dionisio Vives y el Superintendente de Hacienda Conde
de Villanueva, decidieran proponer al Gobierno de la Metrópoli
la construcción de un segundo acueducto para la ciudad,
que ya contaba con más de cien mil habitantes. Las
obras comenzaron en junio del propio año bajo la
dirección de Don Manuel Pastor y Don Nicolás
Campos. La toma de agua se hizo en el río Almendares,
aguas arriba y cerca de la presa del Husillo, con la finalidad
de aprovechar el alza del nivel del río represado.
El agua era tomada en la margen derecha del río y
llevada a la casa de filtros a través de un canal
descubierto, provisto de una compuerta en su intermedio.
La casa de filtros consistía en un estanque de decantación
y dos de recepción. Su reducido volumen, la velocidad
del agua en los filtros y la naturaleza de las aguas del
río en épocas de crecidas, pronto demostró
que el sistema no era del todo eficaz, llegando el agua
turbia a la ciudad en los períodos lluviosos. Partiendo
de la casa de filtros, la tubería de 0,42 m de diámetro
atravesaba las zonas de Ciénaga y del Cerro, seguía
por la Calzada de Monte hasta la llamada Puerta de Tierra
(intersección de las actuales calles Monserrate y
Dragones), lugar donde se ramificaba para surtir la ciudad
intramuros. Su longitud era de 7,5 km, con una diferencia
de nivel de 22 m. Debido a errores de cálculo en
el proyecto de la obra el caudal que llegaba a la ciudad
era muy inferior al esperado, por lo cual los vecinos tuvieron
necesidad de continuar utilizando las aguas de la Zanja
Real y de los aljibes.
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